Estamos indignados por los comentarios de Donald Trump hoy en defensa de los supremacistas blancos que se reunieron en Virginia durante el fin de semana en una manifestación violenta que se cobró la vida de una mujer e hirió a otras veinte personas. Al redoblar su intento de culpar a “muchas partes” por la violencia motivada por el odio, el Presidente ha dado su sello de aprobación a quienes la incitaron.

Para ser claros: para la gran mayoría de los estadounidenses que denuncian con vehemencia la supremacía blanca, el antisemitismo y el racismo, las palabras del presidente hoy no tienen autoridad moral. No representan la visión ni los valores de la mayoría de los estadounidenses.

Pero sus palabras representan –y envalentonan– una facción pequeña pero peligrosa en la sociedad estadounidense que persiste hasta el día de hoy. Al hacerlo, ha dejado explícito lo que siempre hemos sabido: que su presidencia está contaminada y su administración está infestada de simpatías supremacistas blancas.

Condenamos las palabras del Presidente hoy en términos muy claros. Es hora de que todos los estadounidenses de buena voluntad se pronuncien, enérgica y repetidamente, contra la normalización de esta peligrosa ideología tolerada por el presidente de nuestra nación, y exijan que nuestros funcionarios electos en todos los niveles hagan lo mismo.